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Kicillof y una pregunta que empieza a instalarse: ¿puede el modelo bonaerense proyectarse a toda la Argentina?

12 de septiembre de 2026

Mientras Axel Kicillof comienza a construir una alternativa federal de cara a 2027, su principal carta de presentación no está solamente en sus discursos. Está en la gestión de la provincia más poblada del país: escuelas, rutas, hospitales, seguridad, infraestructura y obra pública ofrecen elementos concretos para analizar qué podría representar una eventual administración nacional.

La discusión sobre quién puede conducir la Argentina después de 2027 empieza inevitablemente a aparecer. Y en ese escenario hay un nombre que ya no puede analizarse únicamente por su pertenencia política o por su historia dentro del peronismo: Axel Kicillof.

La pregunta relevante debería ser otra: ¿qué hizo cuando tuvo que gobernar?

Buenos Aires concentra aproximadamente 17 millones de habitantes y administra uno de los aparatos estatales más grandes y complejos del país. Gobernarla significa administrar educación, salud, seguridad, rutas, puertos, producción y servicios públicos en 135 municipios.

Y allí aparecen datos difíciles de ignorar.

300 nuevos edificios educativos

En marzo de 2026, la Provincia alcanzó los 300 nuevos edificios educativos inaugurados desde el comienzo de la gestión de Kicillof.

No se trata solamente de edificios nuevos.

Según la información presentada por el propio Gobierno bonaerense ante la Legislatura, el programa Escuelas a la Obra acumuló más de 8.500 reparaciones terminadas, además de 519 edificios reinaugurados y 1.348 aulas nuevas.

También hubo una modificación estructural de la jornada educativa: unos 633.000 estudiantes comenzaron a concurrir más horas a la escuela, y aproximadamente el 70% de las escuelas primarias bonaerenses pasó a contar con más de cuatro horas diarias de clases.

Son cifras que permiten evaluar una política educativa por resultados físicos y verificables, más allá de cualquier discurso.

La obra pública continúa

Otro de los elementos centrales del modelo bonaerense es la decisión de sostener la infraestructura.

Durante 2026 se encuentran en ejecución 14 intervenciones sobre las rutas provinciales 2, 11, 63 y 74 y la Autopista Buenos Aires-La Plata, atravesando 19 municipios y alcanzando, entre obras ejecutadas y proyectadas, 627,2 kilómetros.

Entre ellas aparece además el cuarto carril de la Autopista Buenos Aires-La Plata entre Acceso Sudeste y Hudson: unos 20 kilómetros sobre un corredor utilizado diariamente por más de 200.000 vehículos.

La diferencia conceptual es importante.

Para la administración bonaerense, una ruta no constituye simplemente gasto público: significa logística, producción, turismo, seguridad vial, conectividad y competitividad.

Y esa concepción puede resultar especialmente significativa para pensar una Argentina que necesita reconstruir y modernizar miles de kilómetros de infraestructura.

Terminar lo que quedó paralizado

Existe además una decisión administrativa que merece atención: continuar determinadas obras iniciadas con financiamiento nacional que quedaron paralizadas.

La lógica es sencilla.

Cuando una escuela, hospital, vivienda u otra infraestructura se encuentra avanzada, abandonarla no necesariamente significa ahorrar. Una obra inconclusa puede deteriorarse, vandalizarse y terminar costando mucho más cuando finalmente haya que retomarla.

La Provincia decidió hacerse cargo de diferentes proyectos en esas condiciones, particularmente establecimientos educativos.

Esa política expresa una idea de Estado que trasciende incluso las diferencias partidarias: la infraestructura pertenece a la sociedad y debe terminarse porque la necesita la población.

Salud, seguridad y asistencia social

La gestión bonaerense tampoco se limita a escuelas y caminos.

El presupuesto provincial para 2026 planteó $1,7 billones destinados a Salud, incluyendo infraestructura, equipamiento, Salud Digital Bonaerense, Medicamentos Bonaerenses y la continuidad del Instituto Provincial del Cáncer.

En seguridad se proyectaron $1,4 billones, mientras que durante 2026 continuaron inaugurándose dependencias policiales, centros de emergencia y entregándose ambulancias y equipamiento.

El Servicio Alimentario Escolar, por su parte, alcanza aproximadamente a 2,5 millones de estudiantes diariamente.

Son políticas discutibles —como todas las políticas públicas— en su diseño, costos y resultados. Pero muestran una orientación definida: preservar la presencia estatal en áreas consideradas esenciales.

Una provincia que también produce

Buenos Aires no es solamente el principal conglomerado poblacional argentino.

Es industria, campo, puertos, comercio, universidades, ciencia, turismo y una gigantesca red de pequeñas y medianas empresas.

Por eso resulta particularmente relevante que el esquema provincial combine infraestructura con herramientas crediticias, asistencia técnica y políticas industriales.

Una eventual propuesta nacional de Kicillof tendría allí uno de sus mayores desafíos: demostrar que esa concepción puede transformarse en un programa productivo federal capaz de integrar al agro, la industria, las economías regionales, la energía, la minería, el conocimiento y las exportaciones.

Kicillof empieza a mirar más allá de Buenos Aires

También está cambiando su construcción política.

Durante las últimas semanas Kicillof profundizó contactos con gobernadores y dirigentes provinciales y comenzó a trabajar sobre propuestas destinadas a una eventual gestión nacional.

Al mismo tiempo, existen diferencias políticas evidentes dentro del peronismo y particularmente con sectores vinculados a La Cámpora.

Pero sería excesivo afirmar que existe una ruptura definitiva.

Lo comprobable hoy es que Kicillof está desarrollando una construcción política propia y con aspiraciones federales, mientras sostiene que una alternativa nacional debería surgir desde las provincias y no simplemente desde una candidatura definida de antemano.

Ese matiz es importante.

Argentina necesita mucho más que una interna partidaria.

Necesita reconstruir infraestructura, recuperar capacidad productiva, mejorar educación y salud, ordenar las cuentas públicas, generar empleo privado, recuperar poder adquisitivo y volver a ofrecer previsibilidad para invertir y producir.

La gestión como carta de presentación

Kicillof tendrá críticas que responder, errores que explicar y resultados que demostrar, como cualquier dirigente que aspire a gobernar el país.

Pero existe algo que empieza a diferenciarlo dentro del escenario opositor: puede presentar una gestión concreta como antecedente.

Puede mostrar escuelas construidas.

Puede mostrar rutas en ejecución.

Puede mostrar centros sanitarios.

Puede mostrar infraestructura.

Puede mostrar políticas productivas.

Y puede mostrar la administración continuada de la provincia más grande de la Argentina en un contexto económico extremadamente complejo.

Por eso la discusión sobre 2027 probablemente no debería reducirse a preguntar de dónde viene Axel Kicillof, con quién estuvo o con quién mantiene diferencias.

La pregunta mucho más importante es hacia dónde pretende ir.

Si consigue transformar la experiencia bonaerense en un proyecto verdaderamente federal, ampliar su espacio político, incorporar sectores productivos y sociales que históricamente estuvieron fuera del kirchnerismo y presentar un programa económico consistente, su candidatura presidencial dejará de ser solamente una especulación electoral.

Pasará a representar una de las alternativas concretas para conducir la Argentina que viene.

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