Formar para quedarse, o formar para que se vayan
Hay una pregunta que la política educativa bonaerense evita hacerse en voz alta: ¿para quién estamos formando a los jóvenes del interior? Un estudio del Ministerio de Gobierno bonaerense acaba de poner un número incómodo sobre la mesa: el 72,9% de los estudiantes secundarios de cinco municipios de la provincia quiere irse de su ciudad. Y ahí, sin estar en la muestra, Magdalena tiene mucho para mirarse.
Hay una pregunta que la política educativa bonaerense evita hacerse en voz alta: ¿para quién estamos formando a los jóvenes del interior? Un estudio del Ministerio de Gobierno bonaerense acaba de poner un número incómodo sobre la mesa: el 72,9% de los estudiantes secundarios de cinco municipios de la provincia quiere irse de su ciudad. Y ahí, sin estar en la muestra, Magdalena tiene mucho para mirarse.
Por Cristian Ferreyra El informe "Juventudes y arraigo" relevó a chicos de Coronel Suárez, General Paz, Leandro N. Alem, Ramallo y Tapalqué. No es un dato de laboratorio: es la fotografía de una provincia que sigue expulsando a su juventud hacia los mismos cuatro o cinco destinos de siempre —Buenos Aires, La Plata, Bahía Blanca, Rosario— mientras el interior profundo se vacía de la gente que más necesita para crecer.
Magdalena viene haciendo la tarea, y vale decir de dónde viene esa tarea. Durante los últimos 12 años, la gestión radical —impulsada también por movimientos estudiantiles que empujaron el cambio— sostuvo la idea de que invertir en formación es crecimiento a largo plazo.
El giro no fue menor: se dejó atrás la lógica de la dádiva, del cheque que se entregaba sin transformar nada de fondo, para formalizar una política pública concreta y sostenida. El boleto estudiantil gratuito es, en ese sentido, la única política pública de este tipo en los últimos 20 años en Magdalena: una respuesta a un reclamo que el pueblo venía haciendo desde hacía tiempo.
Boleto estudiantil, acercamiento de carreras universitarias, un polo universitario que se pretende consolidar en la ciudad cabecera. Son políticas que, si el diagnóstico provincial es correcto, atacan exactamente la causa que el propio Ministerio identifica: la falta de oferta educativa cerca de casa como motor de la migración. Hasta ahí, aplausos. Pero el mismo estudio que celebra este tipo de herramientas también expone su límite.
Solo el 35% de los jóvenes bonaerenses cree que puede conseguir trabajo en su localidad, aunque le lleve tiempo. Casi dos de cada diez directamente no lo creen posible. Y acá es donde la ecuación se rompe, en Magdalena y en toda la provincia: de nada sirve retener a un joven en la universidad si después no hay un empleo esperándolo en su propio pueblo. Los estados municipales absorbieron durante años buena parte de esos profesionales.